Messi bate múltiples récords en su debut en el Mundial 2026: cómo el argentino adaptó su juego con los años para mantenerse en la cima del fútbol

Lionel Messi tras anotar su tercer gol durante el partido entre Argentina y Argelia en Kansas City, Estados Unidos, el 16 de junio de 2026.

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Pie de foto, El triplete de Lionel Messi, de 38 años, lo equipara a Miroslav Klose como máximos goleadores en la historia de los Mundiales.
    • Autor, Guillem Balagué
    • Título del autor, BBC Sport
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 9 min

Si Argentina logra convertirse en la primera selección en revalidar la Copa del Mundo desde 1962, Lionel Messi será la figura central de esa hazaña.

Después de una noche histórica para el capitán de la selección argentina, en la que anotó los tres goles de la victoria de este martes frente a Argelia en Kansas City, resulta difícil imaginar otro protagonista.

A sus 38 años, Messi disputa su sexto Mundial, un récord que comparte con el portugués Cristiano Ronaldo y el mexicano Guillermo Ochoa, y que comenzó de la mejor manera en su partido número 200 con la Albiceleste.

Pero las tribunas verán a un Messi muy distinto al que debutó con el Barcelona en 2003. Si bien la mayoría de los jugadores decaen, los de élite encuentran la manera de adaptarse.

Cristiano, por ejemplo, se reinventó como un depredador del área cuando perdió velocidad.

Pero Messi no se ha adaptado al declive. Se ha adaptado para dominar y mantenerse por delante de un juego que siempre lo ha perseguido.

Desde que aquel joven de 16 años debutara con el Barça, jugando por la derecha, regateando y a menudo recortando hacia dentro, Messi se ha reinventado al menos cinco veces para evolucionar hasta convertirse en el jugador que es ahora en la selección argentina y en su club, Inter Miami.

Lionel Messi celebra con sus compañeros tras marcar el tercer gol de Argentina ante Argelia, el 16 de junio de 2026 en Kansas City, Misuri.

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Pie de foto, Argentina busca con Messi la proeza de ganar dos Mundiales de forma consecutiva.

La decisión de Guardiola

Cuando el entonces mejor y más reconocible jugador del mundo, Ronaldinho, vio entrenar a Messi por primera vez, dijo: "Va a ser el mejor".

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Dos años después, en agosto de 2005, Messi se presentó ante el mundo en el Trofeo Joan Gamper contra la Juventus.

Fabio Capello, el entonces entrenador del conjunto italiano, quedó tan sorprendido por este argentino de 18 años que, según los informes, intentó incorporarlo a su equipo.

Para cuando Messi cumplió 21 años, con Ronaldinho ya en declive y el relevo en marcha, el entonces entrenador del Barcelona, Frank Rijkaard, tenía claro qué necesitaba el equipo de él.

"Justo en el centro de todo", dijo Rijkaard. "Cuanto más toque el balón, mejor será para el equipo".

Durante los primeros meses de Pep Guardiola como entrenador en 2008, la derecha del campo se convirtió en el pasillo de Messi, su camino privado hacia el arco.

La primera vez que Guardiola decidió alejar a Messi de ese lado fue por motivos defensivos.

No retrocedía a defender y el lateral tuvo problemas. Pero el entrenador catalán sabía que Messi acabaría inevitablemente en el centro de las operaciones.

Y que el equipo sería construido en torno a su nueva posición, para los escenarios más grandes y los momentos más decisivos.

El argentino Lionel Messi celebra en el partido de Argentina y Argelia, disputado en el Kansas City Stadium el 16 de junio de 2026 en Kansas City, Estados Unidos.

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Pie de foto, Messi anotó un impresionante hat-trick en el debut de Argentina contra Argelia en este Mundial 2026.

El falso nueve

La fecha: 2 de mayo de 2009. El lugar: Estadio Santiago Bernabéu, Madrid. Partido de Liga.

Guardiola tomó una decisión. Retiró a Messi de la banda derecha y lo situó en la punta del ataque, pero sin desempeñar la función de un delantero centro tradicional.

Samuel Eto'o se desplazó a la derecha, Thierry Henry a la izquierda y a Messi se le dio una instrucción clara: retroceder, recibir y decidir. Al final del partido, el marcador reflejaba un 6-2. El falso nueve había renacido.

No era nada nuevo. La Hungría de Gusztav Sebes ya había desmantelado a Inglaterra en su propia casa en 1953.

En aquella victoria, de 6-3, Sebes hacía retroceder constantemente a Nándor Hidegkuti hacia el centro del campo, descolocando a los centrales rivales y generando espacios para Ferenc Puskás y Sándor Kocsis.

El entrenador del Barcelona Pep Guardiola con Lionel Messi, durante el partido de fútbol de la Liga española entre Barcelona y Jerez el 24 de abril de 2010 en el estadio Camp Nou de Barcelona.

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Pie de foto, "Con Guardiola aprendí muchísimo", contó Messi.

Johan Cruyff, en un comienzo bajo las órdenes de Rinus Michels, desempeñó un papel de delantero con libertad de movimientos dentro de la filosofía del "Fútbol Total" de la selección holandesa.

Al principio, Messi se convirtió en un problema sin solución. Cuando retrocedía para situarse entre líneas, los centrales del Madrid debían decidir: seguirlo y dejar un lugar o quedarse en su posición y concederle mucho espacio.

Ninguna de las opciones funcionó. Messi avanzó por el espacio sin oposición. Con Xavi, Andrés Iniesta y Yaya Touré a sus espaldas, y con Henry y Eto'o ensanchando el campo para estirar la defensa, cada decisión que tomaba el rival resultaba errónea.

Guardiola repitió el experimento semanas después en la final de la Liga de Campeones contra el Manchester United. Messi marcó de cabeza a 20 minutos del final.

Entre 2011 y 2013, Messi anotó 96 goles en 69 partidos de Liga.

El Balón de Oro que había recibido en 2009 se convirtió en un galardón casi habitual para él. Lo ganó también en 2010, 2011, 2012, 2015 y 2019, llegando a acumular un total de ocho a lo largo de su carrera.

El primero llegó a los 22 años. El más reciente, a los 36.

"Antes no prestaba mucha atención a la táctica", le dijo Messi al periodista Juan Pablo Varsky en 2024.

"Pero con Guardiola aprendí muchísimo. Empecé a entender los espacios, la retención de la pelota y cómo funciona realmente el juego".

El peso de un equipo

Cuando Xavi dejó el Barcelona en 2015 e Iniesta tres años después, algo cambió.

Messi siempre había sido el jugador decisivo, ahora le pedían que fuera todo el motor.

El mediocampo que había sido su red de seguridad –los hombres que mantenían la pelota en movimiento y creaban el espacio en el que él avanzaba– había desaparecido.

Durante un tiempo, se esperaba que Messi fuera Xavi, Iniesta y el goleador simultáneamente. Era demasiado pedirle para cualquiera.

Lionel Messi tras la final de la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022 entre Argentina y Francia, el 18 de diciembre de 2022 en la ciudad de Lusail, Catar.

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Lo manejó evolucionando nuevamente.

El goleador y número 10 –o falso nueve– se convirtió en el 'enganche'. Al profundizar más, pasó a ser el organizador, el hombre que iniciaba y, a menudo, el que finalizaba.

Las asistencias empezaron a rivalizar con los goles en su estadística. En la temporada 2019-20 registró 22 asistencias y 25 goles en 33 partidos de La Liga.

Regresó a su mejor marca goleadora en su última temporada con el Barcelona (2020-21) con 30 goles y 11 asistencias en 35 partidos de La Liga.

Pero su primera temporada en el Paris Saint Germain confirmó el cambio de manera concluyente: 11 goles, 15 asistencias en 34 partidos en todas las competiciones, más asistencias que goles por primera vez en su carrera a nivel de clubes.

"Un goleador que se hizo Iniesta", así lo describió un analista argentino.

El rol de capitán

A la par de la evolución táctica se desarrollaba una historia paralela que tardó aún más en resolverse: la cuestión de qué representaba Messi para Argentina.

Asumió la capitanía en agosto de 2011. Luego llegaron las derrotas. La final del Mundial de 2014, perdida ante Alemania en la prórroga en el Maracaná. La final de la Copa América 2015, perdida en los penaltis contra Chile. La final de la Copa América 2016, perdida nuevamente en los penaltis ante Chile.

Tres finales en tres años, todas perdidas, y cada una de ellas apretaba más el nudo de la expectativa pública en torno a él.

Tras la última, renunció. Eso era algo que ya había considerado en dos ocasiones anteriores. Regresó. Pero era distinto.

Lionel Messi.

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En la Copa América 2019, tras ser eliminados en circunstancias polémicas por el anfitrión, Brasil, en semifinales, Messi compareció en rueda de prensa y criticó duramente a la Confederación Sudamericana de Fútbol.

Ya no era aquel jugador que parecía refugiarse en el silencio cuando el peso de Argentina se volvía insoportable. Era un líder que había decidido no dejarse definir por lo que no había ganado.

La Copa América 2021 supuso la liberación. Argentina venció a Brasil en la final del Maracaná y puso fin a una espera de 28 años sin títulos importantes. La charla que Messi dio al equipo antes del partido conmovió al vestuario hasta las lágrimas.

El Messi del Mundial de 2022 fue algo distinto: una síntesis de todo lo anterior.

Estuvo aquella carrera superando a Josko Gvardiol en la semifinal contra Croacia; el extremo de 2009 reapareciendo por un instante extraordinario.

También mostró una precisión de quarterback en la final contra Francia: el pase para habilitar a Nahuel Molina, el desmarque fantasma que provocó el rebote para el tercer gol de Argentina y los penaltis transformados cuando todo estaba en juego.

"El fútbol cambió mucho", le dijo a Zinedine Zidane en una entrevista de 2023.

"La forma de jugar, los sistemas. El juego actual es mucho más táctico y físico que antes. Antes encontrabas más espacios".

Dijo esto con el tono pragmático de quien ha competido a lo largo de tres eras tácticas distintas del fútbol moderno y que ha salido triunfante en todas ellas: la de los centrocampistas físicos del Oporto y el Chelsea, la del apogeo del juego posicional y de toque, y la de la carrera armamentística táctica posterior a Guardiola, caracterizada por las transiciones rápidas.

"El mejor Messi"

Tanto en el Inter Miami como se vio en la Copa América 2024, Messi camina más de lo que corre.

Hubo un tiempo en que sus críticos usaban esto en su contra. Ahora, se interpreta como una muestra de maestría: está leyendo el partido y reservando energías para los momentos decisivos.

"El último Messi es siempre el mejor Messi", dijo una vez Pablo Aimar, su ídolo de infancia. Probablemente siga teniendo razón.

Lo que Messi ha logrado a lo largo de dos décadas no es simplemente una acumulación de trofeos y estadísticas. Es una reinvención de lo que puede llegar a ser un futbolista en cada etapa de su carrera.

Lionel Messi.

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Pie de foto, "El último Messi es siempre el mejor Messi".

El extremo adolescente que deslumbró a Capello. El falso nueve que redibujó el mapa táctico del fútbol europeo. El enganche que aprendió a engrandecer a los demás.

El capitán que finalmente se convirtió en lo que su país necesitaba: el cerebro y director de juego de un equipo campeón del mundo. Y ahora, el veterano que apenas corre pero que sigue viéndolo todo antes que nadie.

La Copa Mundial dará pie a muchos superlativos sobre Messi. La mayoría pasará por alto lo esencial. Lo importante no es lo bueno que es, sino cuántas veces ha tenido que transformarse en alguien completamente nuevo.

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